Jueves para tipos duros (Antonio Ayala Castejón)

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Siento la calidad de la imagen, la hice con el móvil.

Si os soy sincera no tengo ni idea de dónde salió este libro. Lo encontré un día haciendo limpieza por casa y me quedé extrañada porque no me sonaba de nada. No es el tipo de libro que me compraría ni me llama la portada, título o sinopsis. Así que me obligué a hacer memoria y lo que me suena es que me lo diesen en algún Sant Jordi. La fecha de publicación es de 2012, así que es la hipótesis que me concuerda más.

El libro fue el ganador del “V Premio Volkswagen qué leer” y me dije, ¿Por qué no pruebas a leerlo? Es muy cortito (147 páginas), ¡eso se lee en una hora o dos! Y ya que lo has encontrado no pierdes nada. Además que ha ganado un premio, tan malo no será.

El protagonista va un jueves cómo cualquier otro a las oficinas dónde trabaja, después de asegurarse de contarnos con lujo de detalles cómo su casa está “invadida” por obreros polacos y cómo se prepara para afrontar su día a día.

Todo parece normal, su máxima preocupación es que se acostó con una chica de la empresa (de la que no recuerda apenas nada), que al parecer es la hija del vicepresidente. Y claro él se empieza a preocupar por si le despiden por si es de verdad la hija del vicepresidente y se va a meter en un lío. Porque claro… Aunque él no quiera nada con ella, no se acuerde de su nombre y tampoco recuerde la noche en la que se acostaron, es totalmente evidente que ella sí querrá algo con él.  ¿No? Pues el chico se empieza a imaginar cómo sería su futuro si se casase con ella para no mosquear al vicepresidente.

Pero él está “enamorado” de una chica que ve todos los días mientras conduce hacia el trabajo que no conoce y ve todos los días en la parada del autobús…

Total que en el trabajo coincide en el ascensor con un hombre muy nervioso que en cuánto se abren las puertas tira al suelo un pendrive y se suicida tirándose por una ventana y empiezan los problemas.

Leí alguna crítica y las que he leído son positivas, mucha gente dice que es un libro entretenido para leer en un ratito. Otros que es más bien un relato pero que está bien.

Pues a mi no me ha gustado ni un ápice. El protagonista no me puede caer peor, sobretodo cuando se mira en el espejo y ve a su clon ‘transespejiano”. El libro en sí es muy previsible y no me parece muy bien escrito. He perdido la cuenta de las veces que le sonaba el móvil y ponía: “¡¡¡TITIRIRITITITERIRIIRI¡¡¡”  y las veces que los personajes hablaban y decían “jajaja” “sí, jejeje”.

Por no hablar de cosas cómo esta:

“Mi estómago comenzó a bailar breakdance y salí escopetado hacia el baño para vomitar como una mujer embarazada de gemelos.”

El “humor” del libro a mi me hacía poner los ojos en blanco y no me hizo reír en ningún momento. Y me da igual que esté escrito de forma coloquial porque eso es lo de menos.

Lo mejor son las notas del final dónde el autor nos somete a un examen con unas preguntas:

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Creo que me he acabado el libro por cabezonería y si lo tuviese que puntuar no le daría ni media estrella.

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Diario de Hiroshima de un médico japonés (Michihiko Hachiya)

Este es un libro que tenía en mi difunto libro electrónico (no os habéis enterado pero después de bastantes añitos de servicio, se ha escacharrado) y ni siquiera recuerdo haberlo buscado ni haberlo oído nunca antes. Así que sí, lo vi ahí y lo leí.

No creo que tenga mucho sentido poner aquí lo de spoilers de turno, todo el mundo sabe lo que pasó en Hiroshima y Nagasaki y este libro es el testimonio de un superviviente, directo, personal y duro pero necesario. Sin embargo, no creo que pase algo inesperado que pudiese hacer que os advirtiese de spoilers.

Michihiko Hachiya era el director del ‘Hospital de Comunicaciones de Hiroshima’ cuando la bomba atómica explotó. Se encontraba en su casa a punto de ir a su puesto de trabajo cuando el ‘Enola Gay’ lanzó la tristemente conocida bomba ‘Little Boy’ que estalló destruyendo la ciudad de Hiroshima, causando la muerte instantánea de miles de personas e hiriendo gravemente a muchísimas otras. Sin olvidarnos de lo supervivientes que tendrían que lidiar toda su vida con enfermedades como consecuencia de la radiación.

Hachiya y su mujer, ambos bastante malheridos intentaron llegar al hospital en el que él trabajaba. Milagrosamente el hospital quedó en pie, aunque sin instrumentos quirúrgicos poco podían hacer los médicos que habían sobrevivido por ayudar a las víctimas.

Tardó unos días en poder ponerse en pie pero en cuánto lo hizo, intentó ayudar lo máximo posible.

En cuánto pudo, Hachiya comenzó a escribir los acontecimientos de lo sucedido durante y después de la caída de la bomba, cuándo se encontró lo suficientemente bien cómo para andar y tuvo acceso a papeles dónde escribir. Además de visitar y atender a pacientes en la medida de lo posible con los pocos medios de los que disponían.

También iba anotando los extraños efectos que sufrían las personas, personas que parecían estar bien y que morían sin que ni él ni los médicos entendiesen que estaba pasando.

En el diario también se ve el pensamiento sobre la guerra y la veneración hacia el emperador y es un reflejo de la cultura y sociedad japonesa. Hay momentos duros, porque el médico relata todo lo que ha vivido, sin omitir detalles.

También me enteré del término ‘pikadon‘, así fue como los supervivientes hablaban del momento de la explosión. ‘Pika‘ significa “destello, resplandor, luz muy viva” y ‘Don‘ en cambio “ruido muy fuerte, estrépito”.

Cómo ya dije tiene momentos duros, sobretodo algunos testimonios de gente que llega al hospital y cuenta lo que pasó o del mismo autor cuando intentaba llegar.

Sin embargo creo que es necesario y el libro se lee muy rápido, viendo el punto de vista de un lado de la guerra al que no se parece prestar tanta atención.

El brillo de la estrella del sur (Elizabeth Haran)

Este libro me llamó la atención por la portada y al leer la sinopsis pensé que podía estar interesante, un libro landscape que podía recordarme a los de Sarah Lark. ¿Qué podía salir mal?

Nos encontramos a finales de la primera guerra mundial. Lyle MacAllister trabaja cómo médico en un hospital de Londres intentando salvar las vidas de soldados y allí conoce a una enfermera hija de italianos, Elena Fabrizia. Ambos se enamoran y quieren estar juntos para siempre y todo eso pero la cosa es un poco complicada porque al parecer la familia de ella nunca va a aceptar a alguien que no sea italiano y católico cómo ellos.

Además Lyle tiene una novia de toda la vida llamada Millie en Escocia de la que no le ha dicho nada a Elena. Decide cortar con ella durante un permiso para quedarse con Elena pero surgen problemas y no puede hacerlo. La guerra acaba y Lyle está más decidido que nunca a quedarse con Elena pero todo se complica puesto que resulta que Millie está embarazada. Así que Lyle se ve obligado a casarse con ella y abandonar a Elena. Pero es que la cosa no acaba ahí, resulta que Elena también se ha quedado embarazada, aunque ninguno de los dos lo sabe en ese momento.

Si os parece que esto es un poco telenovelesco, no es nada en comparación con el resto del libro.

Los acontecimientos hacen que Elena tenga que cruzar medio mundo hasta llegar a… ¡Nueva Zelanda! ¡Qué no! En esta ocasión nos vamos a Australia, aunque podría haber sido cualquier otro país y me lo hubiese creído.

El libro es previsible hasta decir basta, todo es muy forzado y no hay casi descripciones. Creo que es lo que más de menos he echado del libro, más descripciones y menos diálogo. Además sabía que estaba en Australia por los nombres de los sitios y porque en un momento salen los aborígenes. Que sino podrían no haberse movido de Londres.

Lyle no me caía bien y Millie, que en teoría es una de las malas, me daba pena. El marido de Elena es el típico malo de telenovela latina que ya sabes por dónde te va a salir desde el principio.

El libro está lleno de clichés y se pasan medio libro con sus problemas para al final solucionarlo todo deprisa y corriendo en el epílogo.

¿Y por qué tiene que ser tan perfecto el hijo de Elena y Lyle? El mejor niño de su clase, al que tratan fatal y hacen trabajar en la granja hasta la extenuación… Pero él es mejor que sus hermanos que son malos estudiantes y perezosos. Ah sí, porque lleva los genes de Lyle y es igual de perfecto que el hijo que tiene con Millie.

 

Después de Auschwitz (Eva Schloss)

Llevaba mucho tiempo queriendo leer este libro y no lo encontraba por ningún lado, así que imaginad mi alegría cuando por fin lo encontré. Más sabiendo lo mucho que me gusta lo relacionado con la segunda guerra mundial.

Así que aquí os traigo el libro de la hermanastra póstuma de Ana y Margot Frank (que siempre se olvidan de la pobre Margot), cuya madre se casó con Otto Frank después de que todos ellos pasasen por los campos de concentración.

 

Eva Geiringers nació en Austria y vivió una infancia feliz en una casa grande junto a sus padres y su hermano mayor, Heinz. Pero las cosas se estaban poniendo muy tensas y peligrosas para los judíos allí y cuando cumplió nueve años sus padres decidieron mudarse.

Tras una breve estancia allí y con algún problemilla en la posada en la que se hospedan, finalmente emigraron a Holanda y allí es dónde conocieron a los Frank.

Eva y Ana se conocían y eran amigas pero no íntimas ni estaban todo el día juntas, aunque luego a Eva se la fuese a conocer por eso. El hermano mayor de Eva, Heinz, era amigo de Margot Frank y como a ella, también le llegó una citación dónde le comunican que tiene que ir a un campo de trabajo. A partir de ahí la familia decide esconderse, exactamete igual que harían los Frank poco después.

La familia se escondió por separado, Eva con su madre y Heinz con su padre. Durante dos años resistieron e incluso podían verse de vez en cuando, el cabello rubio de Eva ayudaba bastanta a pasar desapercibida. Sin embargo al final fueron denunciados a los nazis y toda la familia fue enviada al campo de tránsito de Westerbork para después acabar en Auschwitz.

Solamente ella y su madre sobrevivieron a los campos y cuando la guerra terminó recibieron la visita de Otto Frank, que quería saber sobre el destino de sus hijas (sabiendo ya que su mujer había fallecido). La madre de Eva y Otto intimaron y pocos años después se casarían, dedicando su vida a difundir el diario de Ana. Eva se mudó a Londres para dedicarse a la fotografía dónde conoció al que sería su marido, Zvi Schloss. No habló públicamente de nada de lo que le había ocurrido hasta 1986.

El libro me ha gustado, se me ha hecho ameno, sobretodo las partes de su infancia y la estancia en el campo. A su hermano le encantaba pintar y me quedó grabado cuando en el viaje a Auschwitz le dice a Eva dónde escondió sus cuadros por si nunca regresa a casa, cómo efectivamente sucedió.  El último capítulo, dónde habla de las charlas que da por el mundo se me hizo un poco más pesado pero el resto del libro está bien, si te gustan estos temas claro.

El guardián invisible (película)

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¡Buenas! ¿Qué tal las vacaciones?

Yo hoy vengo a hablaros un poquito de una peli española, la cuál me decidí a ver después de que no me parasen de insistir.

spoilers

La película está basada en el primer libro de la “Trilogía del Baztán” de Dolores Redondo.

Cerca del río Baztán, en un valle de Navarra, aparece el cuerpo de una adolescente en unas circunstancias muy parecidas a un crimen acaecido tiempo antes.

Amaia Salazar, inspectora de la policia foral es la encargada de investigar el caso y para ello tiene que volver a Elizondo, pueblo en el que nació y del que se fue muchos años atrás.

Enfrentándose a fantasmas del pasado y con un halo de mitología vasca flotando en el ambiente, Amaia indagará para descubrir al asesino.

Me esperaba una peli más floja siendo española pero me ha gustado bastante. Al principio me pareció un poco lenta pero después te atrapa y estás pendiente no sólo de quién es el asesino, sino también de las relaciones familiares y lo que puede ocultar la familia de Amaia.

Y su pasado, quiero saber porque su madre quería matarla. Así que tendré que leerme los libros.

Pd. La entrada quedó un poco floja pero  es que vi la peli antes de verano y no sé porque hago la entrada ahora.

Sin título (escrito)

Todo lo que fuimos y soñábamos ser quedó olvidado bajo las hojas de los árboles de un otoño corriente. En un septiembre enterrado y un octubre marchito,  junto a un noviembre sin nombre pasando a un diciembre gris y sin luces.  Allí quedó todo lo que un día hicimos brillar.

Promesas vacías y confianzas perdidas, anhelando palabras que nunca llegué a pronunciar. Disculpas que suenan a excusas y estúpidos miedos que me hicieron callar.

Los recuerdos toman forma y aparecen ante mi rostro sin que les haya llamado. Fantasmas que amenazan con derrumbar mi mundo y todo lo sólido a lo que me aferro.  Cierro los ojos, me abrazo a mis rodillas, deseando un agosto que nunca volverá.

Así que me siento  reviso las fotografías y pienso en todo lo que dejé ir.

Y quiero viajar de nuevo a esos días, dónde las flores no se habían apagado y la primavera brillaba en tus ojos, que refulgían inocentes sin un asomo de desconfianza.  De sonrisas en un verano claro y  lugares que solamente conocíamos nosotras.

Hablabas de qué hacer el año siguiente y yo te hacía reír, de aquella manera tan contagiosa que hacía que la gente nos tomase por chifladas. Te cogía de la mano y bailábamos nuestra propia banda sonora improvisada.

Por aquél entonces deseaba que el tiempo se parase, que las manecillas del reloj no avanzasen y de verdad te quería a mi lado. Pero en el fondo de mi alma sabía que aquello no iba a durar, pues todo a lo que cojo aprecio acaba convertido en cenizas.

Sé que piensas que me disfracé  de alguien que no era yo, que me reí de ti todo el tiempo, marchitando todo lo que habíamos construido cuando te pillé con la guardia baja.

No fingí, nada de lo que te dije fue impostado y jamás quise destrozarte el alma.

Te pedí perdón cuando sabía que eso no bastaba, que tú esperabas más explicaciones. Me gritaste, me acusaste y buscaste respuestas que yo no podía darte. Yo nunca fui tan valiente como tú y sabía que tarde o temprano la tormenta iba a estallar.

Quise abrazarte, quise besarte. Apartarte un mechón de tu largo pelo y aspirar tu aroma, besar tus labios y  decirte que era todo una broma de mal gusto.

Pero no lo hice.

Me quedé quieta, paralizada de horror por el monstruo en el que me había convertido. Te dije todas aquellas cosas que nunca sentí.

Me quedé muda cuando vi tus ojos y supe que te había perdido para siempre.

Me consumí de dolor y sentí que la oscuridad se apoderaba  de mí. No me reconocía en el espejo y me alegré que en ese momento no estuvieses ya más a mi lado porque no te gustaría nada mi aspecto.

Y si me vieses ahora… Me obligarías a salir de aquí.

Quiero romper las fotografías, convertirlas en pedazos hasta que me olvide de tu rostro.  Pero me la llevo a los labios, sintiendo cada beso que ya nunca podré darte.

Todavía escucho el sonido de tu risa, veo una película y quiero preguntarte si la has visto y qué te ha parecido.

Aún guardo tu número, me aferro a ese pedazo de papel de igual modo que lo hago con las fotografías y los recuerdos.  Escuchar de nuevo tu voz y tenerte cerca.

¿Es demasiado tarde? ¿Hay lugar para un nosotras?

Marco los números con manos temblorosas.

Quizá me olvidarás o tal vez pensarás en mí y me recordarás con amargura e incluso puede que con una pizca de rencor.

Pero tu voz no está al otro lado, una desconocida ya ha ocupado mi lugar. Pregunta quién es y yo no soy capaz de responder y entonces, antes de que cuelgue, me parece oír tu voz.

No cuelgues, susurro.

Pero lo hace, me toma por loca, pues no contesto a sus preguntas y le parezco una broma de mal gusto.

Llevas una vida que podría haber sido la nuestra, junto a alguien que te comprende y sabe darte lo que yo nunca pude.

Es tarde y yo misma me lo busqué. Dejé escapar los pétalos de la primavera y, ahora, he de aprender a vivir con la nieve del invierno.

 


 

No me gusta mucho cómo me ha quedado el final, no era cómo lo había planeado y hay trozos de la historia que me han quedado forzados pero en fin… Espero que os haya gustado. ¿Se os ocurre algún título para este extraño relato de pérdida?

No ha nacido para esto (escrito)

El moribundo mira aterrorizado a su enemigo. Sigue sin entender muy bien que hace ahí y porque aquél que le dio de comer ahora le está atacando. Quiere salir de allí y su instinto le dice que huya, que desaparezca rápido antes de que sea demasiado tarde.

Sus patas no le responden, le flaquean las fuerzas y no puede correr tan rápido cómo desearía. Además  su verdugo se vuelve a acercar amenazador balanceando esa ridícula extraña tela roja. Consigue ahuyentarlo a duras penas, amenazándole con sus grandes cuernos y a punto de herirle. Para su sorpresa oye gritos, cosa que le desconcierta todavía más.

Lentamente, con aspavientos extraños vuelve a tenerle encima y le acorrala. Sin ningún lugar al que escapar y con un dolor atroz recorriendo cada centímetro de su piel se abalanza sobre su agresor en un intento desesperado de defenderse de la inevitable muerte.

Y llega otro pinchazo, se retuerce e intenta sacarse de encima esa extraña arma que le destroza todo el cuerpo.

Rabia, impotencia y sufrimiento.

Con la desesperación del que sabe que va a morir, persigue a su oponente a lo largo de la arena pero sus movimientos son lentos y pronto vuelve a sentir un dolor atroz que le atraviesa todo el cuerpo. Siente deslizarse la sangre a lo largo del lomo y sus ojos ven borroso.

A estas alturas quiere echarse en el suelo y acabar con todo el padecimiento. Pero ni siquiera eso le concede. Su sanguinario oponente vuelve a la carga una y otra vez, esquivando fácilmente sus vanos y exasperados intentos de alejarle.

Si pudieses preguntarle y él fuese capaz de contestar, ¿Crees que entendería que la tortura que le ha arrebatado la vida es  lo que tu llamas cultura?

Más aún, ¿Tendrías la desfachatez de decirle que le amas?

El toro muere frente a una multitud enloquecida que adora a un asesino disfrazado de luces y que aplaude y adora al mismo diablo. Porque solo alguien cómo el demonio podría mostrar cómo trofeo los restos del infeliz animal.

No ha nacido para esto.

Otro escrito

Su madre murió al traerla al mundo pero dicen que es su vivo retrato.  No le hacen falta las fotos porque cada día charla un rato con ella.  De ojos pardos y mirada severa, su rostro denota severidad y sus bellas facciones tienen una palidez fantasmagórica. Tiene el cabello negro, recogido en un apretado moño y frunce el ceño del mismo modo que ella cuando hay algo que no le gusta.

Ese día parece enfadada, se le nota en la manera con la que aprieta los labios y en la mirada reprobatoria que le echa.  Ella lucha por tragar las lágrimas, aprieta las manos hasta hacerse daño y se recrimina haberse manchado el vestido.

De repente la mano se acerca y ella se aparta por alto reflejo. Pero el golpe no llega y la mano sostiene una pastilla blanca. Alza la mirada de nuevo y no reconoce a la mujer que tiene delante. Desconfía de ella, y se niega a tomarse lo que le ofrece.  Es muy sospechoso que de repente su madre haya desaparecido y venga una desconocida ofreciéndole algo que ni siquiera sabe lo que es.  ¿No será ella la culpable?

Escucha su voz y todo se borra de un plumazo.  Vuelve a sentir ganas de reír pero esta vez de alegría, no entiende porque cinco minutos antes se sentía tan triste. Se había olvidado que su hija  había venido a visitarla y sabiendo su mala memoria le da la pastilla que tiene que tomarse para el azúcar. ¿O era para el colesterol? A su edad se toman pastillas para todo, aunque no las necesites. Ya se encargaran los médicos de inventarse cualquier mal.

Pamplinas, la única enfermedad que tiene es que está vieja.

Acepta la pastilla con una sonrisa y el vaso que le ofrece con la otra mano. Tiene muchas cosas que preguntarle. ¿Por qué no ha venido antes? ¿Sigue hasta arriba de trabajo? ¿Ha venido a verla la pequeña Martina?

Bebe, cuesta tragar. Odia estar enferma, le impide ir a la calle a jugar con las otras niñas y su abuela, que ha cuidado de ella desde que tiene uso de razón la obliga a tomar brebajes asquerosos y a taparse con miles de mantas hasta que empieza a sudar.

Su abuela la mira preocupada y sabe que se va a enfadar cuando se lo diga.

– No te enfades pero me he manchado el vestido.

Lo suelta de golpe y se echa a llorar, sabiendo que eso no le salvará del castigo. Hipa fuerte y se odia por el numerito que está montando.

Unas manos la sujetan y la intentan tranquilizar, le dicen palabras que no logra entender. Poco a poco consigue dominarse pero cuando levanta de nuevo la mirada, el miedo hace que se olvide de su dolor y un grito involuntario sale de su garganta.

No es su abuela la que le da consuelo, sino una mujer que no logra identificar.

Como fuego en el hielo (Luz Gabás)

Estamos en 1843 y Attua, joven estudiante de ingeniería tiene que irse de Madrid antes de tiempo para ayudar a Matías, uno de sus amigos de infancia a escapar, después de que este mate por accidente al hijo de un conde y quede herido. Durante la travesía conocen a Aurore, una viuda francesa que se dedica a vivir la vida y viajar por el mundo y que les ayuda. Después de la pequeña aventura ayudando a su amigo, Attua está deseoso de reencontrarse al amor de su vida, Cristela, en Albort, pueblo ficticio de los pirineos y lugar de nacimiento de ambos.

Su alegría por el reencuentro con su amor secreto se ve truncado, puesto que su padre ha sido asesinado y deberá hacerse cargo de las termas que durante años regentaron sus padres. Los sueños de Cristela de salir del pueblo también desaparecen cuando se ve envuelta en un trágico suceso y tiene que cruzar la frontera y huir a Francia.

Con las guerras carlistas, en un período convulso y peligroso en España, la pareja luchará por intentar olvidar al otro y formar una nueva vida, separados por las montañas, aunque en el fondo de su corazón saben que un día encontrarán la forma de estar juntos.

Uy, que cursi me ha quedado esa explicación. 

En general el libro me ha gustado, sobretodo la vida en Albort y lo que se ve de las guerras carlistas y revoluciones. El personaje de Matías me parecía interesante y me gustó la parte en la que intentan tomar el pueblo. De hecho me interesaba más la parte de España que la de Francia.

En cuánto a la pareja protagonista, no estaba super emocionada porque imaginaba que aunque pasasen tiempo separados, llegarían a volver a encontrarse de nuevo porque sus respectivas parejas morirían tarde o temprano, así que por esa parte la trama no me sorprendió demasiado.  Vamos, que era bastante previsible.

De Cristela me esperaba más, de hecho cuando huye de Francia me estaba atrapando su historia, luego se me hicieron más aburridas sus tramas.

En cuánto al estilo de la autora me ha gustado bastante, me ha parecido muy ameno, se lee rápido y se nota lo documentado que está el libro. Creo que es lo que ha hecho que la historia me atrapase y me gustase, puesto que en general muchos de los sucesos son previsibles y el romance es bastante típico.

Además me hubiese gustado ver a algún otro personaje más desarrollado.

Por otro lado, me hizo gracia que poco después de leer ‘Reinas Malditas’ nombrasen a Napoleón III, porque yo no paraba de pensar en Eugenia de Montijo.

Reinas malditas (Cristina Morató)

La historia de seis reinas que desempeñaron un papel importante en la historia y que tuvieron vidas desdichadas marcadas por la tragedia. Nos alejan de lo que nos han contado siempre en las películas, cuyas vidas no fueron como las de las princesas de cuentos de hadas.

La primera de ellas es Isabel de Baviera, la conocida emperatriz ‘Sissi’, pasando por María Antonieta, Eugenia de Montijo, la reina Victoria de Inglaterra y la última zarina de Rusia, Alejandra Romanov.

Si os gusta la historia, os gustará este libro.  El libro nos narra la vida de cada una de estas mujeres, con sus luces y sombras y a mí se me ha hecho bastante ameno. Hay datos curiosos que no conocía (pensaba que sabía bastantes cosas sobre Sissi y Maria Antonieta y no era así) y aprendes con el libro. Y de personajes como Cristina de Suecia no sabía absolutamente nada.

Las que más me han gustado han sido Sissi, Cristina de Suecia y Alejandra Romanov. Cristina me ha encantado porque hizo lo que le dio la gana (se negó a casarse y abdicó entre otras cosas) y fue una mujer bastante transgresora para su época. Sissi me dio pena en muchos momentos y Alejandra también, aunque obviamente ya sabía cómo había acabado.

Las otras dos, Eugenia de Montijo y Victoria de Inglaterra, son las que me han aburrido más. A pesar de que Victoria se convirtiese en una mujer tan poderosa y prácticamente todo el mundo descienda de ella.

El libro está ilustrado con retratos o fotos de cada reina y te da una perspectiva diferente de momentos de la historia que todos conocemos, bajo otro punto de vista.

Os dejo con una frase famosa de Cristina de Suecia:

«He nacido libre, he vivido libre y moriré libre»

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