¿Por qué tienen que esconderse? (Escrito)

Las miradas se cruzan, tímidas y cómplices, mientras una sonrisa se escapa involuntariamente de los labios, compartiendo un secreto inconfesable.  El intruso hace una broma ridícula y piensa que la ha hechizado, que la sonrisa es para él.

Todavía lo recuerda, tiene el sabor dulce de sus labios marcado a fuego, cómo en un sueño del que no quiere despertar.   Piensa en cómo su mano se deslizó por debajo de su vestido, cómo intentó contenerse y no caer en sus brazos.  Recuerda la culpa que sintió después de aquella primera vez y que todavía la inunda a veces.  Y, sin embargo, recuerda cada centímetro de su piel, recuerda lo nerviosa que se encontraba de que la viese desnuda y lo excitada que se sintió cuando notó su mano y su lengua, llenando de besos y caricias rincones de su cuerpo que nunca antes había enseñado a nadie.

Y tal y cómo ya pasó en el pasado, el rubor pone color a sus pálidas mejillas al revivir ese momento.  Debería sentirse avergonzada porque lo que hicieron aquella noche no está bien.

Salen a la calle y se coge a su brazo, algo natural que ha hecho tantas otras veces y que los demás no ven cómo algo extraño. Mientras los hombres hablan de cosas que ellas no deben entender, cruzan una mirada en la que se dicen todas las palabras que sus labios sellados no aciertan a pronunciar.

Cuando mira su rostro todo parece más fácil, sus ojos son cálidos y sabe lo que está pensando. Le pregunta sin hablar lo que le sugirió en la cama entre arrumacos y besos. Ella, más ocupada en explorar su cuerpo y aprender a amar, no le hizo mucho caso.

Todo parece posible cuando se susurra entre sábanas el futuro que compartirán, los sueños que vivirán y los lugares que visitarán.

Pero, ¿A dónde huirían?

– No importa, encontraremos un lugar para estar juntas.- le había dicho con convicción para a continuación obsequiarla con una gran sonrisa traviesa.

Recordó lo guapísima que estaba, con el cabello desordenado y esos hoyuelos que se le formaban en las mejillas cuando sonreía.

Por un momento se deja llevar por la fantasía, se imagina besándola por la calle siempre que quiere, viviendo en una casa cerca del mar y amaneciendo cada día junto a ella.

La magia se rompe cuando viene él, aquél al que está destinada a unir su vida para siempre y al que debe respeto y fidelidad. Hace un chiste sin gracia y ella se obliga a sonreír tímidamente. Algo se resquebraja en su interior cuando suelta el brazo, es como si ya le estuviese diciendo adiós.

¿Por qué tienen que esconderse? ¿Por qué condenar a dos personas que se quieren?

Se siente culpable cuando él la besa rápidamente en los labios y se obliga a escuchar una conversación que no le interesa en absoluto.

No quiero casarme contigo, no siento mariposas en el estomago cuando te veo, ni haces que sienta vértigo cada vez que me tocas. No me pongo nerviosa cuando te veo, ni me haces gracias con ese sentido del humor machista y estúpido que más ganas me dan de pegarte un bofetón que de abrazarte.

Quiere decirle todas esas cosas, abrirle su corazón y que entienda.

Pero no puede.

Unos pies que no parecen los suyos la obligan a seguir caminando junto a él, mientras siente cómo unas cadenas le quemasen la piel.

Su mente le dice que hace lo que debe hacer pero su corazón la oprime, culpándola de una decisión que va a condenarla para toda la vida.

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Una Chica del montón
    Feb 14, 2017 @ 21:09:00

    Madre mía,no me gustaría estar en su pellejo … Buen post 🙂

    Le gusta a 1 persona

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